miércoles, 2 de abril de 2014

Piura lee

 
  
Hábito que nace en casa y crece en las escuelas
Hildamaría Machuca M.
 
Ante la celebración del Día Internacional del Libro Infantil, la escritora Adela Basch, dejaba ver que cada vez se habla mucho de festejarlo, pero poco de vivirlo día a día en las escuelas, en las casas, porque la lectura depende de cada familia y se refuerza en la escuela, “pero la gente anda tan preocupada por sí misma, que todo lo ve como pérdida de tiempo. Todo el mundo anda apurado (…) Hay hasta gente que cree que leer un cuento en la casa o en el aula es una pérdida de tiempo, porque no le ven lo rentable que puede ser en forma inmediata. Estamos en una sociedad que mide todo por rentabilidad, hay algo que se ha pervertido muy fuertemente y es que aquello que no deja un rédito inmediato, lo que no se mide en una estadística, no vale nada. Estamos muy confundidos y ahí se inserta toda la problemática del libro. (…) Formar hábito lector es cuestión de ejemplo, tiempo y paciencia”.
Testigo de ocasión
La escena se repite cada mañana y cada tarde, de cada día. Desde que tengo uso de razón, mi madre y mi tía Zoyla, cada día de semana, gustan de leer plácidamente, al amanecer y al atardecer.
Al amanecer, mi madre y mi tía, en sus respectivos dormitorios, leen el evangelio del día y sus libros de oraciones. Mi mami luego hojea las noticias diarias. Después del desayuno, ambas se reparten los diarios y leen las noticias y suplementos de su interés. El resto del día comentan cada noticia con mucho conocimiento y amplitud de raciocinios. A sus más de ocho décadas, nos ponen al día a todos.
Por la tarde, cuando el sol empieza a caer, en el patio de la casa rodeadas de macetas de helechos y orejas de elefante, con el rítmico cantar de las cuculíes llegadas por allí, sobre sus sillas de paja, cada una lee el libro o la revista de turno que les llevará algunos días terminarlos de consumir por completo. Por cerca de una hora: una novela, una biografía, un manual de jardinería o simplemente una revista de turismo o de familia, las mantiene silenciosamente entretenidas mientras todos los demás si queremos acompañarlas, nos unimos al club de lectura. Terminado el rito, viene la deliciosa conversación que en algún momento puede que toque alguno de sus temas leídos.
¿De dónde surgió el amor por la lectura? De su padre, mi abuelo Agripino. Él leía con profusión, sentado sobre su silla de madera en el comedor de su casa. La lectura fue un hábito adquirido por todos sus hijos de los cuales doy testimonio de dos con quienes convivo desde que nací. Y al abuelo ¿quién lo habituó? Su papá, el bisabuelo Manuel, maestro de una escuelita de Las Monteros, quien leyó a su hijo Agripino –y a todos los alumnos que le fueron confiados–, los clásicos en esos pequeños libros de pastas marrones y verdes con letras doradas. Del bisabuelo, (a quien nunca vi, ni en foto), sé muchas de sus anécdotas con el infaltable “Mantilla”, donde él enseñaba desde el deletreo hasta temas de historia, botánica, historia sagrada, física, química, geografía, lenguaje, cálculo y muchos cuentos de todo el mundo.
A la vuelta de cinco generaciones, se puede decir, seguimos el legado de lectura, aún si las escuelas se resistieron a desarrollarlo. Mis hermanos casados y las tías, hemos transmitido a hijos y sobrinos ese encanto por los libros como se repite entre mis primos y sus familias. ¡Ese es una de las mejores herencias familiares!
Remato el testimonio con Adela Basch: “Leer les sirve a los niños a tener un acceso a la felicidad. Leer es una llave que nos permite entrar en contacto con nuestros propios recursos creativos, que todo ser humano tiene, pero que después de la infancia se adormecen. Entonces, la lectura aparece y despierta esa creatividad”.
Familias, escuelas: en un día como hoy, ¿no se animan a replantearse el tema lector?
------------------
Diario El Tiempo. Piura, 2 de abril del 2014.


No hay comentarios:

Publicar un comentario