sábado, 8 de febrero de 2014

La tercera medicina

 
Terapia en el plato
FELIPE HERNÁNDEZ
 
El autor subraya la relación de una mala alimentación con numerosas enfer­me­dades. Una visión de la salud que busca su lugar como la 'tercera medicina'.
 
Hipócrates, el llamado padre de la medicina, hizo la siguiente afirmación, que ha pasado a la historia: "Que la alimentación sea tu medicina y tu me­dicina sea la alimentación". Y yo, en estos tiempos, añadiría: mala me­di­ci­na será tu alimentación diaria si está plagada de aditivos, con­ser­vantes, car­ne finamente aliñada con dioxinas, hormonas y antibió­ti­cos, vegetales de­licadamente irradiados o exquisiteces transgénicas a la carta.
Hace décadas que la agricultura mundial y la industria alimentaria de­penden de prácticas que muchos consideramos nocivas: empleo indis­cri­­minado de pesticidas tóxicos, escaso control en la aplicación de la inge­niería genética a la agricultura, alimentos irradiados, aditivos alimen­tarios dañinos, engorde artificial de los animales para consumo huma­no, proce­sa­­do alimentario que genera moléculas perjudiciales, etcétera.
Ahora, la sociedad está acostumbrada a vivir con el reumatismo, las aler­gias, las migrañas, las várices, las hemorroides, los fibromas, los pó­li­pos o la hipertensión, sin que sorprenda. No obstante, estas enfer­me­dades bien podrían considerarse signos precursores de desórdenes inmu­nitarios y homeostásicos que anuncian males mayores. Por otro lado, nunca antes ha sido tanta la frecuencia de las enfermedades degenerativas.
Mediante potentes fármacos se han controlado e incluso erradicado enfermedades víricas y parasitarias graves. También el campo de la ciru­gía ha aportado importantes mejoras en la calidad de vida. Sin embargo, en lo concerniente a enfermedades dege­ne­ra­ti­vas poco se ha avanzado. En realidad ¡se han convertido en las plagas de nuestro tiempo!
Son muchos los investigadores que han llegado a explicaciones plau­­sibles sobre el ori­gen de numerosas afecciones, relacionándolas con los hábitos de vida, particularmente con la ali­mentación incorrecta, los po­lu­­cionantes y el estrés. Es a esta metodología a la que dedico mi actividad pro­fesional desde hace más de 15 años, impartiendo confe­ren­cias, semina­rios y for­mación a los profesionales de la salud, que, como yo, están con­ven­cidos de que: "Somos lo que comemos". Uno de los precursores de lo que llamamos la nutrición celular activa es el doctor J. Seignalet, quien después de más de 40 años de experiencia clínica y de investigación ha llegado a la conclusión de que en el origen de un grupo importante de en­fermedades se sitúa como factor determinante la alimen­ta­ción moderna, ob­viamente inadecuada para el organismo. En su obra La alimentación o la ter­cera medicina insiste en que el intestino del­ga­do es la vía de entrada más im­por­tan­te de numerosos tóxicos perju­di­cia­les para el ser hu­ma­no, par­ti­cu­larmente a través de la alimenta­ción. Por su parte, el doctor Fradin, del Ins­­ti­tu­to de Medicina Medioam­bien­tal de Pa­rís, sitúa en un 70% el número to­tal de enfer­me­dades de­pen­dientes de la alimentación.
Nos enfrentamos a dos problemas claramente identificados en lo to­cante a nuestros há­bitos de alimentación modernos. En primer lugar, no po­demos creernos todas las afirma­cio­nes que en los medios de comunica­ción se hacen acerca de la alimentación, especialmente en la publicidad, pero también en supuestos progra­mas destinados a enseñarnos a comer bien. Los intereses econó­mi­cos de las grandes industrias que controlan tam­­bién el sector ali­men­tario nos deben hacer ser escépticos ante la ava­lan­cha de productos manufacturados, envasados y "enriquecidos" que nos presentan.
Contrastando investigaciones serias e imparciales sobre la an­tro­­po­lo­gía de la alimen­tación nos encontramos con que muchos ali­men­tos de con­sumo diario que damos por senta­do son impres­cin­di­bles para estar bien alimentados, no sólo no lo son, sino que además nues­tras enzimas y mu­cinas intestinales no están adap­ta­das a ellos, dando lugar a infinidad de tras­tornos de salud, inicial­mente pre­clí­ni­cos, como astenia o agota­mien­­to, abom­ba­mien­tos ab­do­­minales y ma­­las digestiones, alteraciones en el tránsito in­tes­tinal o dolores de cabeza. [Internet]


No hay comentarios:

Publicar un comentario