lunes, 12 de agosto de 2013

El café y la literatura

 
 
El café: el estimulante favorito de los creadores
CULTURAMAS
 
Los hábitos de los artistas: Balzac acostumbraba beber 50 tazas de café al día, Frank Baum unas 4 o 5 con el desayuno, Beethoven una sola taza con 60 granos.
Muchas personas son incapaces de comenzar su día sin una buena taza de café. Sea por el delicioso sabor reconfortante o por la dosis de cafeína que conlleva una taza de la adictiva bebida, esta ha sido una parte primordial de la existencia y convivencia social de la raza humana por siglos.
Desde que el café se convirtió en una actividad tradicional en la vida diaria occidental en el siglo XVI, este ha sido utilizado por las mentes más brillantes como una fuente de energía y ha llegado a constituir parte de la rutina sorprendentemente normal de muchos genios.
Un artista que disfrutaba empezar su día con una taza de café era Beethoven, cuya precisión al componer música se reflejaba en la minuciosidad con la que preparaba, él mismo, su taza de café en las mañanas. El compositor estaba completamente seguro de que la taza perfecta de café debía llevar 60 granos, por lo que con frecuencia las contaba en la mañana.
El filósofo Søren Kierkegaard prefería una mezcla mucho más dulce; tomaba una bolsa de azúcar y la vertía con entusiasmo en una taza hasta que el polvo blanco rebasara el tope de la taza, después vertía café negro muy concentrado y observaba mientras que la pirámide de azúcar se disolvía. Cuando se sentía satisfecho con su preparación, Kierkegaard la bebía en un solo trago.
El escritor de El mago de Oz, Frank Baum, también empezaba su día con un buen desayuno y 4 o 5 tazas de café con azúcar y crema. El matemático Paul Erdös creía que “Un matemático es una máquina que puede convertir el café en teoremas”, y gustaba de tomar expresos y tabletas de cafeína (con la anfetamina ocasional).
Entre los otros genios que no podían vivir sin una taza de café se encuentran Proust, Glenn Gould, Francis Bacon, Jean Paul Sartre, Gustav Mahler y Balzac.
Sin lugar a dudas el amor (o quizá dependencia) de Balzac supera a todos los demás. Parte de la rutina diaria del escritor incluía cenar ligeramente a las 6 pm y después acostarse. A la 1 am se despertaba y se sentaba frente a su mesa a escribir por 7 horas sin interrupción alguna. A las 8 am se permitía el lujo de tomar una siesta de hora y media, al despertar se ponía a trabajar bebiendo entre las 9.30 am y 4 pm taza tras taza de café negro; podía tomar hasta 50 tazas de café mientras escribía. El biógrafo de Balzac Herbert J. Hunt describió su rutina extrema como “orgías de trabajo puntuadas por orgías de relajación y placer”, el café era para Balzac tan placentero cómo necesario para trabajar.
Balzac describe su admiración de la siguiente manera: “El café acaricia la boca y la garganta y pone todas las fuerzas en movimiento: las ideas se precipitan como batallones en un gran ejército de batalla, el combate empieza, los recuerdos se despliegan como un estandarte. La caballería ligera se lanza a una soberbia galopada, la artillería de la lógica avanza con sus razonamientos y sus encadenamientos impecables. Las frases ingeniosas parten como balas certeras. Los personajes toman forma y se destacan. La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora”.
Tal pareciera que las fuerzas en movimiento de 50 tazas de café al día terminaron perjudicando la salud de Balzac; hacia el final de su vida tenía la presión alta, dolores de cabeza crónicos, espasmos faciales y cólicos. Murió a los 51 años de edad a causa de un fallo cardiaco.
El café se ha vuelto una pieza irremplazable dentro de nuestra cultura, no importa cómo lo tomemos: expreso, cortado, negro, ristretto, chemex, frío, y cientos de otras maneras, seguirá inspirando a genios, impulsando nuestros sueños y llenando de energía nuestro día a día.
Escritores cafeinómanos
¿De verdad es inspirador el café? Sabemos que el alcohol y otras drogas han inspirado a narradores y a poetas.
¿Qué hay de la cafeína? No creo en las drogas y alcohol como fuentes de creatividad efectiva, porque entorpecen, logran que casi todo parezca válido o congruente, se hacen de la vista gorda frente a las inconsistencias y el resultado por lo general es un conjunto de disparates. El café, en cambio, confiere un nerviosismo y un estado de alerta que resultan muy útiles durante la escritura.
Muchos escritores se han declarado adictos al café. Algunos de ellos han decidido beber más café que alcohol, porque la cafeína los ayuda a mantenerse despiertos, a cumplir con las fechas de entrega, y además funciona como un sustituto tramposo del desayuno.
Por otra parte, resulta chocante este vínculo forzoso que se establece entre el café y la literatura: beber café mientras se lee o se escribe como el rey de los lugares comunes, uno que podemos volver más caricaturesco si le agregamos una tarde de lluvia y un disco de jazz sonando en el estéreo. Guácala.
Pero, nos guste o no, para muchos el café juega un papel importante en los procesos de lectura y escritura. Por eso vengo con una pequeña muestra de escritores adictos al café, y con otra de lo que se ha dicho de esta bebida.
Honoré de Balzac
Cuenta la leyenda que Balzac se tomaba unas cincuenta tazas de café al día, y mejor mientras más cargado. Algunos de sus biógrafos sostienen que fue esa adicción lo que lo llevó a la muerte, a los 51 años.
Cuando no tenía a la mano una taza, optaba por masticar granos de café. Así, pelones, sin cobertura de chocolate ni nada.
El autor de Comedia humana habló de los beneficios e inconvenientes de la cafeína en “Los placeres y dolores del café”, un ensayo que escribió antes de morir: “Este café cae en el estómago… A partir de ese momento, todo se agita. Las ideas rápidas se ponen en marcha como los batallones de un gran ejército… [...] La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta, negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora”.
Johann Wolfgang von Goethe
¿Sabían que Goethe contribuyó a nuestro descubrimiento de la cafeína? El café le gustaba tanto que incluso se interesó en la investigación de sus efectos.
Se dice que, en un encuentro con el joven científico Friedlieb Ferdinand Runge, el poeta lo animó a analizar unos granos de café para averiguar sus propiedades. Entonces Runge identificó la cafeína, la descubrió. A ellos dos les debemos el conocimiento de su existencia.
Truman Capote
Capote tenía que escribir recostado y a esta maña agregaba el hábito de fumar y beber café. Y pensar que sólo tenía dos manos. También sabemos que no se limitaba al café: le gustaba el alcohol y lo consumía con frecuencia, pero el café era el punto de partida: “Soy un autor completamente horizontal. No puedo pensar a menos que esté acostado, ya sea en la cama o en un diván y con un cigarrillo y café a la mano. Tengo que estar chupando y sorbiendo. A medida que avanza la tarde, cambio de café a té de menta y de jerez a martinis. No, no uso máquina de   escribir. No al comienzo. Escribo mi primera versión a mano (con lápiz)”.
J. K. Rowling
No estamos seguros de si haya bebido agua o té chai o café durante el proceso, pero se sabe que la Rowling escribió Harry Potter en espacios públicos, uno de ellos el café The Elephant House de Edimburgo… Entonces, es probable que haya sido café. De hecho, en un cartel de su ventana, el establecimiento declara ser “el lugar de nacimiento de Harry Potter”.
Otros autores
¿Qué han dicho los escritores sobre el café? Aquí una pequeña colección de citas textuales al respecto.
“La luz se llevó las esferas violetas y a Oliveira le empezó a gustar más el cigarrillo. Ahora se estaba realmente bien, hacía calor, iban a tomar café” (Julio Cortázar).
“Una buena taza de su negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta” (Rubén Darío).
“La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir” (Alejandro Dumas).
“Yo he medido mi vida en cucharitas del café” (T. S. Eliot).
“El sacerdote vudú y todos sus poderes no eran nada comparados con el café expreso, el capuchino y la moka, que son más fuertes que todas las religiones del mundo juntas, y quizá más fuertes que el alma humana” (Mark Helprin).
“Es imposible conseguir una taza de café con sabor a café ya en este país? ¿Qué pasó con el café? ¡Puedes encontrar café con todos los sabores, excepto café con sabor a café” (Denis Leary).
“El café me enardece, me alegra, es fuego suave sin llama y me acelera toda la sangre de mis venas” (José Martí).
“Café, lo que hace que los políticos sean sabios, y que puedan ver a través de todas las cosas con sus ojos medio cerrados” (Alexander Pope).
“Creo que los seres humanos pueden hacer muchas cosas, no porque son inteligentes, sino porque tienen pulgares para poder hacer café” (Flash Rosenberg).
“La vida es como el café o las castañas en otoño. Siempre huele mejor de lo que sabe” (Maruja Torres).
“El café, néctar de dioses, ha de ser, para ser bueno, ardiente como tus ojos, negro como tus cabellos, tan puro como tu alma, tal dulce como tus besos” (Francisco Villaespesa).
“Claro que el café es un veneno lento: hace cuarenta años que lo bebo” (Voltaire).
Busqué una cita más, pero no la encontré, así que la parafraseo según mi mala memoria. Alguna vez leí, no sé en dónde, o escuché, una frase que decía algo así como “me parece insólita la existencia del café descafeinado, es como decir que se tiene sexo sin tener sexo”. Y me encantó, a pesar de que tomo café descafeinado, a veces, para evitar el insomnio.
Fuente: MonkeyZen
 [Tomado de la página web Culturamas]
 


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