miércoles, 10 de abril de 2013

El charango

 
El charango
JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
 
Los españoles trajeron al mundo indio la bandurria y la guitarra. El indio dominó rápidamente la bandurria; y en su afán de adaptar este instrumento y la guitarra a la interpretación de la música propia —wayno, k´aswa, araskaska, jarawi...— creó el charango y el kirkincho, a imagen y semejanza de la bandurria y de la guitarra. El arpa y el violín fueron conquistados por el indio tal como lo recibieron de los invasores. Ahora el arpa, el violín, la bandurria, el kirkincho y el charango, son, con la quena, el pinkullo, la antara y la tinya, instrumentos indios. Alma y alegría de las fiestas. O cuando entra la pena a las casas y a los pueblos, el charango y el kirkincho lloran por el indio, con tanta fuerza y con la misma desesperación que la quena y el pinkullo.
Los indios más bravos y cantores del Perú, los cuatreros y jinetes de Pampacangallo y del Kollao, llevan el charango amarrado a la cintura. Y en la cárcel, o en la pampa, el charango es la voz del k´orilazo o del chuco kollavino y del morochuco, miedo y orgullo de los pokras, el ayllu más musical del Ande.
El charango es ahora el instrumento más querido y expresivo de los indios y aún de los mestizos.
Cada pueblo lo hace a su modo y según sus cantos; le miden el tamaño, la caja, el cuello, y escogen el sauce, el nogal, el cedro según las regiones.
Por eso el charango de Ayacucho no sirve para tocar el wayno de Chumbivilcas. Y mientras el charango del Kollao tiene 15 cuerdas de acero, de tres en tres y templadas en Mi – La- Mi – Do – Sol el de Ayacucho sólo tiene cuatro cuerdas gruesas de tripa. El charango del kollao es barnizado, y siempre tiene pintada en la caja junto a la boca, una paloma en vuelo. El charango de los pokras es llano y de madera blanca, pero del extremo del cuello cuelgan 10 ó más cintas de color, y entre las cintas a veces una trencita de cabellos de mujer.
La voz del charango del kollao es aguda y se oye lejos; sus 15 cuerdas chillan; “chillador” le llaman en los pueblos grandes como Arequipa; y cuando el indio o el mestizo del kollao lo tocan el wayno hiere y aunque parezca exagerado es como si el verdadero viento de los pajonales de la pampa grande estuviera cantando desde la boca del charango. Para eso han trabajado siglos los indios del Altiplano; quizás cuerda tras cuerda, tono tras tono, padecieron, hasta que su charango sonara así, como lo oímos ahora; instrumento perfecto para la música de sus creadores. Porque el indio es invencible en su afán de hacer su obra, de concluir el trabajo que le exige su espíritu. No cede jamás. Ni nadie le toca en la integridad de su alma. Recibió la guitarra de manos de los españoles, y el trabajo de adaptarla a su más íntima y sutil necesidad de expresión musical quizá no ha terminado todavía. Le ha creado varios temples especiales para la música india: uno para los waynos, otro para las danzas, otro para los tristes. Ni la creación del charango ha realizado toda su ansia de expresión musical, exacerbada por el dominio de todos los instrumentos musicales que le trajeron los españoles. Dominio, por supuesto reducido a su folklore, y a su mundo limitado por tantas prohibiciones.
El charango de Ayacucho es más chiquito, unos cuarenta centímetros; sus cuerdas gruesas tienen voz grave y pastosa. Y mientras el del Kollao tiene doce trastes, el de Ayacucho sólo tiene seis. Este charango casi nunca se toca “punteado”; rasgan todas sus cuerdas, y al mismo tiempo, en las cuatro cuerdas y con los seis trastes, se da la melodía. Es para música de quebrada; no es para esos waynos de la gente de puna, bravíos o desesperados; es para canto dulce; y cuando es de tristeza, no es tan tremenda y de tocarla fuerte, como para que lo oigan todos los pueblos que hay en la pampa. La quebrada repite el wayno; y junto al río, en medio de los maizales o de los sauces que cabecean, mojándose en el agua, no hay necesidad de gritar tanto, ni para decir la pena ni para cantar la alegría o el amor que nace.
Mientras, en la puna se cantan waynos como éste, cuya versión castellana también damos.
Jakurak´chus manarak´anchus
Chikchischay paraschay
Maumi jamusk´anchis chayta
Chikchischay paraschay
Misitu pfiña turucha
Chikchischay paraschayt
Cawalluytas wak´rark´unki
Chikchischay paraschay
Nok´allatak´tak´wamurk´ayki
Chikchischay paraschay
K´amllatak´wak´raykuwanki
Chikchischay paraschay
Alsariway chutariway
Chikchischay paraschay
Maymi jamusk´anchis chayta
Chikchischay paraschay
 
[Tú dirás si ya es hora de volver
Tormenta de agua y de nieve
Tú dirás si ya es hora de volver por donde vinimos,
Tormenta de agua y de nieve.
Toro de ojos de sangre, toro felino,
Tormenta de agua y de nieve,
Tú desangraste mi caballo,
Tormenta de agua y de nieve.
Y yo te separé del monte, toro felino
Tormenta de agua y de nieve,
Y tú mismo me desangras
Tormenta de agua y de nieve.
Llévame de aquí, jálame a nuestra querencia
Tormenta de agua y de nieve;
Es hora de volver, ¡arrástrame ya!
Viento de lluvia y de nieve].
En la quebrada, el wayno canta siempre la ternura aunque la alegría se haya perdido para siempre.
Ama urpichay ama sonk´ochay
Ripuyta yuyaychu
Sonk´oy k´ak´atak´ñitisunkiman
Ripusk´apasunkiman
Ripusk´ayki ñampi
Esta es la traducción:
[No te vayas, paloma mía
No te acuerdes del camino
Mi corazón como una peña
Te caería en el camino
Como un río mi llorar
Te llevaría].
 
En la voz del charango se oye también la diferencia de tono de estos waynos, porque desde la madera, hasta las cuerdas, se escogen para que canten distinto.
Si toda la música del Ande es de tono general y característico, es también la que más estilos y variaciones tiene. Dos pueblos a veces separados sólo por algunas leguas ya tiene su estilo propio.
Y los instrumentos y los temples han sido adaptados con una energía profunda a la interpretación de la más leve diferencia de estilo sin silenciar lo más mínimo. En estos pueblos cada fiesta tiene su música especial y esta música tiene sus instrumentos propios, ahora hablamos del charango, acaso en otros artículos podamos informar sobre el kirkincho, la bandurria, el pinkullo, el arpa, la antara, el wakawak´ra, las tijeras de acero, la tinya...
El charango es instrumento mestizo; es del indio actual del Perú y del pueblo leído y trabajador de las ciudades del Ande. Las pandillas mestizas de carnaval y aún las marineras serranas se bailan con charango. Pero el charango en manos del indio kollavino, o del indio de Pampacangallo, y de las quebradas de Apurimac y Ayacucho es el charango verdadero; nadie lo toca mejor; y oyéndolo tocado por ellos se comprende de golpe que el charango lo hicieron esos indios y que nació primero para la música de ellos.
La bandurria ha quedado también como instrumento indio. En las ferias de Pampamarca, Huanca, Pucará y Sicuani, los indios andan en grupos tocando bandurria. Tiemplan su instrumento en las calles, tocan en las esquinas o caminando entre la multitud. Dominando el murmullo de la gente de feria y aún el repique de las campanas, si oyen las bandurrias.
Pero en esos pueblos, llenos de indios y mestizos, la bandurria suena como instrumento forastero, cuando lejos o cerca tocan charango.
(Publicado en La Prensa de Buenos Aires, Marzo de 1940).
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Fuente: Arguedas, José María. Indios, mestizos y señores. Lima: Editorial Horizonte, 1989, pp. 41-44.


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