viernes, 20 de marzo de 2020

Conversación en Los Encantos I











Piezas arqueológicas expuestas en las vitrinas del café-museo Los Encantos de Santo Domingo




Conversación en Los Encantos
Santo Domingo, 27 de junio del 2019


Para Dulcinea López


Tras saltar una y otra vez las zanjas abiertas en la calle Comercio desde el hotel El Mirador, llegué a la Plaza de Armas, a contemplar el atardecer dominicano. El sol ya se había ocultado detrás del Moleján pero su brillo aún doraba las nubes y las faldas del Rucutuyú y hacia las alturas del oriente la cumbre del cerro Huaycas.

Y como ya se acercaba la hora de merendar me dirigí a Los Encantos de Santo Domingo, en la calle Lima, a pocos metros de la Municipalidad. Ya en el lugar, admiré los huacos y otras piezas arqueológicas expuestos en las vitrinas. Era uno de los primeros comensales en llegar al establecimiento. Una vez instalado en la mesa se acercó una señorita, quien amablemente tomó nota de mi pedido: una porción de mote pelado acompañado de carne de chancho frita, pero bien frita, le recalqué (era uno de los potajes favoritos de mi infancia), y una taza de café bien cargadito. Acababa de hacer mi pedido cuando vi entrar a mi primo Aníbal Castillo, con quien no nos veíamos desde hacía muchísimo tiempo pero sin embargo nos reconocimos al toque:
—Hola, primo Saúl. A los tiempos.
—¡Aníbal!, ¿cómo estás, hombre?

Tras los saludos de rigor le pedí que tomara asiento y le invité a comer. Habíamos sido condiscípulos en la Escuela de Chungayo, allá por los inicios de la década del sesenta y ambos ya peinábamos canas. Me contó que había sido miembro de la plana menor de la policía pero que tras unos veinte años de servicio había pedido su baja por motivos económicos. Luego se dedicó al comercio de abarrotes y que le había ido muy bien, pues ahora contaba con un camión para distribuir mercadería en varios pueblos del Alto Piura.

Hablamos de todo un poco, mientras saboreamos nuestros respectivos platos. Le comenté que después de muchos años había regresado a Chungayo y que me parecía que el caserío había crecido, además de la novedad de que contaba con una nueva iglesia, a la que solo le faltaban los acabados; que tenía servicios de electricidad, agua potable, telefonía y cable, como lo demostraban los hilos que ahora cortan el cielo y las antenas parabólicas instaladas en los techos de las viviendas.
Aníbal asintió:
—Así es, primo; la modernidad ha llegado al campo. Sin embargo…
Aníbal bebió su último sorbo de café y continuó:
—El cambio climático está alterando la agricultura; por ejemplo, ahora ya no produce la yuca y el maíz ya no da como antes. Eso y la falta de fuentes de trabajo están haciendo que cada vez más la gente se vaya a las ciudades o a otras provincias.
—Caramba, primo; qué difícil se está poniendo la situación, ¿no? —respondí. Y le comenté que había visitado la escuela de Chungayo, que ahora era mixta, pero que me llamó la atención que hubiera poco alumnado.
—En este aspecto nuestro caserío ha retrocedido, entonces. —afirmé; —recuerdas, primo, que cuando éramos churres las escuelas de varones y de mujeres tenían primaria completa por lo que además de los niños y niñas del caserío y las zonas rurales de Chungayo iban también de otros caseríos, como El Bronce, Tuñalí, y hasta de Tasajeras.
—Claro que sí, primo. Pero volviendo a la problemática socioeconómica general —comentó Aníbal— (no dejó de llamarme la atención su lenguaje, más propio de los científicos sociales que de un expolicía y actual comerciante provinciano; pero, en fin), además está el asunto de la contaminación del agua del río de Santo Domingo, de la que se abastece Chungayo para regar los cultivos y las invernas.
—¡Ah caramba!, ¿pero las autoridades no están haciendo algo al respecto? —pregunto—. —Es un asunto grave—. 
Aníbal mueve la cabeza:
—Nada, lamentablemente. Pero junto a un grupo de campesinos estamos coordinando con miembros de algunas instituciones sociales de coterráneos residentes en Lima para generar toma de conciencia y que los congresistas de la región se interesen por el problema y nos ayuden a encontrar una solución—, concluyó.

Luego me contó que en su camión recorría diferentes pueblos y caseríos de Santa Catalina de Moza, Santo Domingo, Frías, Chalaco y Pacaipampa, distribuyendo mercadería de la costa y comprando productos de la sierra para venderlos en las ciudades, y que estaba al tanto de lo que sucedía en el Perú y el mundo gracias a que cuando iba manejando en lugar de escuchar la música sanjuanera, que es muy popular en la zona, él sintonizaba los noticieros radiales.

Al concluir la conversa le informé que al día siguiente saldría antes de que cante el gallo a recorrer la Meseta Andina, y quedamos en vernos a mi regreso, en el mismo lugar y a la misma hora. 


CONTINUARÁ.

NO SE PIERDA EL PRÓXIMO CAPÍTULO.

     


jueves, 19 de marzo de 2020

Meditación del día



"Porque somos hijos del azar
y tras esto seremos como si no hubiésemos sido.
porque humo es la respiración de nuestras narices
y el pensamiento una centella del latido de nuestro corazón".

Sabiduría 2, 2

lunes, 16 de marzo de 2020

Origen del nombre Santo Domingo











Amable y culto lector de este humilde blog, escuche con atención lo que dicen en los respectivos videos el señor del polo negro y la señora acerca del porqué se le llamó Santo Domingo a nuestro distrito, y luego lea el artículo que copiamos a continuación. Y por favor, no deje de responder a la pregunta que aparece al final del texto.









PARROQUIA
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN


HISTORIA

En el año 1783, el Obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martines de Compañón, a cuya jurisdicción pertenecía el curato de Huancabamba con sus anexos Sondor y Chalaco (Sancos pertenecía a este último), ordenó construir una Iglesia, la misma que fue puesta bajo la advocación del fundador de la Orden de Predicadores y que según certifica el cura Dr. Buenaventura Ribon y Valdivieso, Párroco de la Doctrina de Huancabamba en 1780- 1784, Sancos tenía una población de 515 almas, que justificaba el establecimiento de una Iglesia.

Todos los pueblos cristianos del orbe tenían su defensor ante la adversidad o enemigos que se encuentran ante el camino de la vida. Su protector espiritual es el Santo titular de la Iglesia escogido y venerado por sus fieles de ayer, hoy mañana y siempre.

La institución de la Iglesia que llegó a nuestro continente con su descubrimiento por Cristóbal Colon, estrenó aquí uno de sus acrisolados principios que consistía en bautizar el lugar donde se establecía el pueblo, con el nombre de un integrante de un santoral.

En el Perú y sobre todo en Piura, la práctica de dar a los pueblos edificados y reedificados, nombres de santos de nuestra Iglesia, se llevó abundosamente, pues tenemos: San Nicolás de Tumbes, San Miguel de Piura, san Francisco de la Buena Esperanza de Paita, San Pedro de Huancabamba, Santa Ana de la Huaca, San Fernando de Chalaco, solo por colocar escasos ejemplos, destacando que en la mayor parte de los casos el nombre vernacular del pueblo iba predicado al santo patrono.

En el caso nuestro debió ser Santo Domingo de Sancos, pero la excepción se debió a que el santoral registraba barios santos de este nombre, entre ellos Santo Domingo de Silos, Santo Domingo de Guzmán. Luego se omitió el Sancos y quedó el que ahora llamamos afectuosamente.

IGLESIA DE SANTO DOMINGO

La Iglesia levantada hace actualmente 205 años en el corazón de la ciudad con su patrono venerado por los dominicanos, ha perpetuado devotamente el nombre de Santo domingo de Guzmán, que en esta zona andina del departamento de Piura se ha levantado hace 102 años como importante distrito de la Provincia de Morropón.

Santo Domingo, cuya belleza natural admiró el sabio Antonio Raimondi, se sabe por la historia que fue el obispo Baltasar Jaime Martines de Compañón y Buajanda, quien ordenó en el año 1783, que se construyera la iglesia de Santo domingo de Guzmán, al que no cabe duda bautizó, con el nombre de Santo Domingo de Guzmán en homenaje a la vida y obra de quien en vida fue fundador de la obra de predicadores, en recuerdo a la primera ciudad americana que nació como fruto de la empresa española y al hermoso paisaje primaveral que presenta el accidentado terreno donde se levanta hoy el añejo distrito Sanqueño y que según certificación del cura, el Dr. Buenaventura Ribón y Valdivieso: Párroco de la doctrina de Huancabamba y sus anexos correspondientes al quinquenio 1780 – 1784, por esa fecha tenía una población de 515 almas, y justificaba canónicamente el establecimiento de una Iglesia.

Esta Iglesia perduró hasta 1907, que fue derruida para dar paso a una nueva construcción siendo vice párroco de Santo Domingo el Presbítero Manuel María Loayza, de nacionalidad ecuatoriana, las personas notables del distrito entre las que se recuerdan: Don Polidoro Carnero, su esposa Carmen Morey, Eloy Castro Alvarado, Dolores Castro Alvarado, Pablo E. Castro, Pola García y muchos pobladores más, formaron en 1907 un comité, cuya finalidad era la construcción de nuestra iglesia en el mismo lugar de la añeja casa del Señor. La construida y bendecida el 04 de 1784 que hemos descrito anteriormente resultaba muy pequeña y estaba completamente deteriorada.

Para el efecto acudieron también muchas personas de toda la circunscripción distrital. Acordaron que todo en vecindario preste su concurso personal aportando su trabajo o contribución pecuniaria; unos confeccionamos adobes, tejas, ladrillos, etc., otros acarreando madera, guayaquil, caña brava.

Para la dirección de la obra, se contrataron, maestros albañiles de cuenca-Ecuador, siendo los principales don Manuel Jesús Espíritu Santos Puya Huary, Manuel Vázquez, quienes según contaban nuestros mayores, trajeron algunos peones de la tribu de los Saraguros y fueron secundados por ayudantes locales.

Las paredes de adobe son consistentes y tienen 1.50metros de ancho, el largo del Iglesia es de 50 metros y 15 de ancho.

La obra fue proyectada para dos torres, sin embargo por la premura del tiempo, solo se terminó la actual, dejando el espacio necesario para la otra que todavía se puede apreciar en la parte de la calle Comercio.

Para solventar los gastos que demando la construcción además de la contribución económica de la feligresía, se realizaron diversas actividades, como de venta de viandas, donaciones, rifas de animales vacunos, caballares, etc. Que los feligreses ofrendaban para los fines propuestos. Se pagaba así a los trabajadores foráneos y la compra de algunos materiales propios del lugar.

La madera la regaló don Eloy Castro Alvarado y sus hermanos: José María y Dolores Castro propietarios de la hacienda Simirís, Caracucho y Jacanacas, doña Pola García, propietaria de Tuñalí, el señor Fernando Reusche, de la hacienda San Jorge, y algunos otros vecinos. El cielo raso era de caña de guayaquil, con barro y yeso; sin embargo éste fue retirado años después, por encontrarse deteriorado.

Las principales maderas que se usaron fueron: chamelico, cedro, guayacán, flor de agua, yuto, piñan y guayaquil.

En el año 1932 el R.P. Carlos Vega Julia construyó la casa parroquial anexa al templo, que sirve de alojamiento y despacho a los religiosos a cargo de la grey.

La estructura interior eran pilares de madera de chamelico, tijerales y otros que fueron retirados en 1982, cuando el R.P.

Luis Álvarez Jiménez, remodeló el templo y se pusieron en tijerales de fierro, techo de calamina y piso de cemento.

Posteriormente en el año 1997, aproximadamente el R. P. Justo Miguel Panta Adrianzén remodeló los altares de los santos y Vírgenes. Se retiraron los altares de madera y se construyeron de yeso y cemento, cavando las paredes y hacerlos en el interior de estas.

EL ALTAR MAYOR

Era réplica del que tiene la Iglesia de Ayabaca y fue edificado por el maestro carpintero ayabaquino don Leonor Guerrero Pozo, siendo bendecido en 1911, también trabajaron Don Leopoldo Armida, de nacionalidad ecuatoriana.

Fuente: Tomado de la página “Parroquia de Santo Domingo de Guzmán”.





¿Cuál de las tres versiones será la que más se ajusta a la verdad? 










martes, 25 de febrero de 2020

Elogio del repe



Acerca del repe




Presentamos un fragmento extraído del artículo “Primer encuentro con Arguedas” del novelista piurano Miguel Gutiérrez, publicado en internet, donde el autor de Hombres de caminos y otras importantes obras se refiere al “repe”, potaje típico del Alto Piura. Provecho.



“[…] pero lo misterioso es que, acaso por la presencia del queso, recordé un plato de la sierra piurana, de Ayabaca, que mi madre solía preparar en memoria de sus padres, y ella lo cocinaba casi de manera clandestina, porque aparte de mí, no gustaba a mi padre ni a mis hermanos, pues lo consideraban un plato que sólo comían los serranos, a los cuales la gente denostaba llamándolos "serranos piquientos, patas con queso". Le conté esta historia a mi anfitrión y en seguida quiso saber el nombre del plato, los ingredientes y la preparación. El plato se llamaba repe, se hacía de guineos verdes, arvejas secas, queso de vaca, cebolla y achiote molido y se preparaba –le dije- de esta y otra manera. Creo que como nunca capté la atención de Arguedas y me pidió que le hablara de otros platos de la cocina piurana; pero como mis conocimientos de la culinaria de los Andes piuranos eran muy limitados, le nombré algunos de los potajes de las tierras bajas, como el copús, la sopa de novios, las carnes aliñadas y un poco para sorprenderlo le conté de los pacazos que en el patio criaba mi abuelo alimentándolos de alfalfa y mondaduras de verduras y yucas y después los sacrificaba y despellejaba y luego maceraba con chicha de un día para otro la carne blanquísima y tierna y preparaba su exclusivo seco de capazo que servía con sarandajas y yucas de monte” (Miguel Gutiérrez Correa).






  



Repe  ayabaquino


Entre las variadas opciones de la gastronomía piurana, el repe es una de las más nutritivas. Se trata de una sopa típica de Ayabaca, hecha a base de arvejas y plátano verde.

Cabe resaltar que el plátano que se utiliza es una variedad mucho más pequeña que el plátano de seda, se le conoce también como «guineo».

Datos

El plátano verde es una gran fuente de fibra (1 sola taza contiene 3,6 gramos), vitaminas y minerales como el potasio (531 mg por taza), calcio, magnesio y vitaminas del complejo B. Puede generar muchos beneficios para la salud como el control de la glucosa, el mantenimiento del peso e incluso una disminución de los niveles de colesterol.

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Fuente: Diario El Tiempo, de Piura.






Cómo se prepara el repe


A  continuación comparto una receta del repe para que los amables y cultos lectores y lectoras de este humilde blog preparen en sus hogares este sabroso potaje. Inviten pe’.



Arvejas con guineo [o repe]

Ingredientes:      Arvejas secas, guineo blanco, sal, culantro

Aliño:                  Aceite [en mis tiempos se usaba la manteca de chancho (SCP)], ajo, cebolla, achiote molido.
Preparación:     Sancochar las arvejas durante dos horas. Aparte, calentar agua en una olla y al primer hervor agregar el guineo bien lavado y picado y dejar cocer durante media hora. Echar luego las arvejas.
                       En una sartén con aceite [o manteca] rehogar el ajo picado, la cebolla cortada y el achiote. Este aliño se agrega a los otros dos ingredientes. Antes de bajar la olla salar y agregar el culantro picado.
Comentario:       Este plato, que tiene casi la consistencia de una sopa, se come en el almuerzo, con arroz.



Fuente: Hocquenghem, A.-M. y Monzón, S. (1995). La cocina piurana. Ensayo de antropología de la alimentación. Lima: CNRS - IFEA - IEP, p. 132. 



Breve remembranza
Se me hace agua la boca al recordar aquellos tiempos idos, cuando a la hora del almuerzo los “churres” y los “grandes” nos reuníamos a almorzar, pero no sentados a la mesa, sino acomodados alrededor de las tulpas, sentados en unos adobes o en un tronco de chamelico cubierto con una jerga. Entonces, nuestra madre nos iba alcanzando a cada uno el mate lleno del delicioso repe y su respectiva cuchara de palo. Y por supuesto que había REPEtición. Y bueno, eran otros tiempos. ¿Será verdad que todo tiempo pasado fue mejor?  (SCP)     

sábado, 4 de enero de 2020

Cerro Huaycas








El cerro Huaycas visto desde Chalaco.
Imagen tomada una mañana de junio del 2019

Foto: Saúl, 2019


 Cuando era niño veía este cerro desde Chungayo, cuando el sol del ocaso doraba esta imponente montaña, y mi padre me contaba que detrás de este cerro quedaban Los Altos. A  propósito de este cerro, recomiendo leer la interesante crónica de don Félix López Jiménez, titulada "La maldición del cerro de Huaycas", que se encuentra en el enlace que copio a continuación.
https://www.facebook.com/piuraciudadcalor/photos/la-maldicion-del-cerro-de-huaycascortes%C3%ADa-de-don-felix-l%C3%B3pez-jimenezel-19-de-dic/985749298205266/

sábado, 28 de diciembre de 2019

Paisajes de Chalaco












Imágenes de Chalaco, tomadas en junio del 2018 (las tres primeras) y en junio del 2019 las seis restantes.

Fotos: Saúl, 2018, 2019